Artículo 61, Constitución Dominicana: “El Estado debe velar por la protección a la salud de todas las personas (…) procurar los medios para la prevención y tratamiento de todas las enfermedades, asegurando el acceso a medicamentos de calidad y dando asistencia médica y hospitalaria gratuita a quienes la requieran”.

A pesar de que la Carta Magna dice eso, han instaurado un sistema para que los fondos públicos de la salud entren al mercado privado.

El Estado, en lugar de ofrecer los servicios de salud, ahora los subsidia. Cosas muy diferentes. La herramienta de esta privatización tiene un nombre: SeNaSa.

El Gobierno otorga este seguro para que vayan a centros privados a pagar con dinero público, mientras los hospitales públicos van pasando a un régimen de “autogestión”, donde los servicios son tan costosos como en las clínicas privadas.

Para muestra un botón. El año pasado tuvimos que ingresar a mi esposa por dengue en la Plaza de la Salud, hospital construido en terrenos del Estado, con fondos del Estado, equipado por el Estado, que opera con dinero del Estado. La cuenta hizo 80 mil pesos; con seguro privado tuvimos que pagar una diferencia de 20 mil.

¡Por un dengue! Una enfermedad que no debería existir si las autoridades de salud cumplieran su rol preventivo.

Para peor de males, el SeNaSa también es usado por el voraz clientelismo político, exigiendo militancia en un determinado partido para poder ser beneficiario del seguro “del Estado”.

La salud es un derecho de todas las personas, según la Constitución; imponer el uso de un carnet de seguro para poder acceder a este derecho es una clara violación. Además, la Constitución establece que la salud debe ser gratuita, sin embargo, el SeNaSa implica pagar un diferencial, lo cual es otra violación.

Cuando la salud es ofrecida por el Estado, los enfermos son un costo y debe procurar que la gente no se enferme; pero si la salud es privada, el enfermo es un cliente. Este modelo mercantilista es la razón por la cual no hay programas efectivos de salud preventiva, ni atención primaria: si no hay enfermos no hay negocio.

El enfermo ha dejado de ser un paciente y se ha convertido en un cliente; la salud ha dejado de ser un derecho y se ha convertido en una mercancía con la cual se hacen grandes negocios.

Debemos luchar por una salud pública y de calidad. Por un sistema de salud que eduque, que prevenga, y que cuente con un nivel efectivo de atención primaria con centros en cada barrio y sector. Luchemos por algo muy simple: que se cumpla la Constitución.

Tal vez alguien pensará que pretendo que la salud sea gratis. ¡Claro que no! El dinero de la salud pública sale de los impuestos, no del bolsillo de ningún político, ni de ningún empresario en particular. Sale de las costillas de este pueblo.

Por Claudio Caamaño Vélez
@ClaudioCaamano


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